La ligereza con la que actúan los actuales delegados de la
Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales en Sinaloa, Jorge Abel López
Sánchez y de la Procuraduría Federal de Protección del Ambiente, Patricia del
Carmen Inzunza Alarcón, dibuja a la perfección a un estado en donde el
cumplimiento de las leyes ambientales no importan.
El deterioro de las condiciones ambientales afecta puntos
estratégicos de Sinaloa sobre todo por la operación de empresas paraestatales
como la Comisión Federal de Electricidad y sus termoeléctricas, la maniobra de
negocios de extractoras de materiales pétreos, el impulso de proyectos
turísticos y de agronegocios con fertilizantes.
Los principales municipios de la entidad como Culiacán,
Mazatlán y Ahome, sufren ya los estragos del cambio climático derivado del
exterminio, la contaminación, la falta de conciencia de la ciudadanía, pero
sobre todo de la complicidad de las autoridades que las hace ver como
depredadoras del medio ambiente.
No solo la expulsión de gases de efecto invernadero como son
el metano, bióxido de carbono y óxido nitroso generan el cambio climático,
aunado a la creciente tala de árboles en la entidad, sino la ceguera, la
sordera y la corrupción de los funcionarios de las áreas claves federales que
norman el cuidado del medio ambiente.
Sinaloa, líder en contaminación
Los principales municipios de la entidad como Culiacán,
Mazatlán y Ahome, sufren ya los estragos del cambio climático derivado del
exterminio, la contaminación, la falta de conciencia de la ciudadanía, pero
sobre todo de la complicidad de las autoridades que las hace ver como
depredadoras del medio ambiente.
No solo la expulsión de gases de efecto invernadero como son
el metano, bióxido de carbono y óxido nitroso generan el cambio climático,
aunado a la creciente tala de árboles en la entidad, sino la ceguera, la
sordera y la corrupción de los funcionarios de las áreas claves federales que
norman el cuidado del medio ambiente
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Topolobampo, un afectado de la contaminación.
La termoeléctrica del Puerto de Topolobampo ‘Juan de Dios
Batiz’, con más de 30 años de vida, a pesar de sus aparentes filtros, sigue
contaminando. Los habitantes cercanos ya se acostumbraron a los ardores de
garganta y ojos que provocan los humos de su chimenea.
Pero en el puerto, no solo la termo ennegrece su cielo y
mancha las gargantas de muchos ‘topeños’, sino que además tira sobre la bahía
de Ohuira sus aguas calientes en donde está prohibida la pesca.
En el mismo cerro de Pemex hay un cementerio de basura de
cristal clandestino, que cubre buena parte de la falda sin que las autoridades
federales lo sancionen y ni siquiera lo prohíban. Las noches son testigos mudos
de la forma en que ese tiradero de botellas de cristal va en aumento.


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